~ Que
debemos hacer ahora ~
Me cambie de ropa y fui al salón donde estaban Gintoki, mi
hermano y una chica pelirroja que se llamaba Kagura, me la había presentado Gin
nada mas entrar en el comedor – salón. No sabia porque pero me sentía algo
pesada, como si algo estuviera encima de mis hombros y pesara toneladas, pero
lo deje pasar.
Le preguntamos a Gin donde
encontraríamos a los demás pero nos enteramos que todos andaban perdidos; uno
en el espacio, otro huyendo de la policía japonesa denominada Shinsengumi y el
que faltaba no se sabia mucho de el, tan solo que se había ido de allí.
En si ese día lo pasamos ayudando
a Kagura y los demás a limpiar la casa; si mi hermano y yo ayudamos; era lo
menos que podíamos hacer. Shimpachi llego poco después de que almorzáramos. Mi
hermano se había resbalado dos veces de la escalera pero gracias a mis reflejos
aun vivos le salve de darse un buen golpe.
-
Vaya Nani, tus ojos de lince aun te salvan de mucho,
por algo eras arquera y peleabas con una katana fina –dijo Gintoki
-
¿En serio peleabas con esas armas Nani? – pregunto
Kagura boquiabierta
-
Si, era muy fácil dominar el arco y cuando vi la katana
que tenían los demás aprendí a dominarla.
-
Vaya; debes de ser buena –comento Shimpachi
-
Lo es en si, es muy buena siempre que quiere –dijo mi
hermano dándome unos golpecitos en mi cabeza.
Después de eso seguimos limpiando
y al terminar tomamos unos aperitivos para ponernos las pilas y terminar la
casa.
La noche se cernió pronto en la
ciudad de Edo y Kagura fue la primera en irse a dormir y Shimpachi el segundo
en irse a su casa. Mi hermano dijo que esta noche iría con el para poder dejar
mas espacio en la casa de Gintoki y no ser una molestia. Nos despedimos de el y
luego le pregunte a Gintoki si podía subir al tejado; se extraño pero me dijo
que si. Cogí mí bolsa y subí al tejado desde la ventana de la habitación.
-
¿Qué demonios querrá hacer arriba?
Gin salio a la puerta principal y
se apoyo en la barandilla. Fuera se estaba bien además había una brisa que se
llevaba los pétalos de los melocotoneros y se sentía todavía mejor.
En si, yo estaba arriba para
tocar el samishen que llevaba conmigo. Me gustaba siempre de noche tocar algo
fuera para cualquier persona que apreciara la música, y esa noche no seria una
excepción. Había compuesto algunas canciones pero la que mas me gustaba era una
que había empezado a componer antes de que aparecieran los Amanto en Edo. Puse
el samishen los más cómodo posible para poder tacar de pie y entonces empecé a
tocarlo despacio.
Las cuerdas estaban bien tensas y
las notas de mi canción se esparcían por todo Edo haciendo que junto al viento
cargado de pétalos de melocotonero fuera una noche inolvidable; al menos para
mí; “Tocas muy bien Nani, eres increíble después de todo no has cambiado nada”,
pensaba Gin. El siguió viendo para los horizontes de Edo donde la luna brillaba
como nunca lo había hecho y entonces vinieron a su cabeza recuerdos de cuando
era joven.
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