~ El Dojo ~
Gintoki daba una vuelta
tranquilamente y sin prisas y se dirigía al dojo, pues en el era el sitio en el
cual podía mantener la calma y pensar. El dojo en verano era bastante tranquilo
porque un gran árbol daba allí su sombra centenaria. En las noches de verano,
Gin se acordaba de que a veces se subía a ese árbol para poder ver las
estrellas.
Casi entrada la noche, viendo el
aura de la luna, Gintoki llego a las escaleras del dojo y las subió despacio y
entonces se apoyo en el marco de la puerta que aun estaba ahí. El silencio
reinaba en aquel lugar, todo estaba en calma y en paz, pero cuando Gintoki
quiso sentarse, de la nada apareció una hoja de una espada que se le acerco al
cuello.
-
¿Qué haces aquí?- dijo la voz masculina que sostenía la
hoja que estaba al cuello de Gintoki
-
Eso mismo podría decir yo que estáis en este sitio…
-Gintoki seguía tranquilo y calmo hasta que llego otra sombra que dejo un kunai
en su frente.
-
¿Quién eres y que demonios vienes hacer aquí? – dijo
esta vez una voz femenina
-
Este es el dojo de mi maestro; bueno era… El murió a
causa de un accidente
-
Eso es imposible el maestro de este dojo solo enseño a
personas en particular y solo conocemos 4 personas… ¿Tu no serás…? –dijo la
mujer que estaba delante de el.
-
Yo soy Gintoki Sakata, soy el aprendiz de Shouyo
Yoshida –dijo sorprendido pues esa información dicha era cierta.
-
No puede ser; eres Gintoki… Bueno en si no cambiaste
mucho – dijo el hombre mientras la mujer abrazaba a su presa.
-
Gintoki, ha pasado mucho tiempo desde que nos vimos la
ultima vez –dijo casi entre sollozos mientras le abrazaba fuerte.
-
¿Qué? Esperad; ¿Quiénes sois? – dijo el sin entender
nada.
Yo y mi hermano nos destapamos la
cara para que pudiera ver quienes éramos. Al principio no nos recordaba pero
luego le empezamos a decir que le conocíamos y pasados unos minutos ya todo
estaba bien; nos reconoció, nos abrazo y comentamos lo que habíamos pasado
durante este tiempo. Habían pasado muchos años y en ello también habían pasado
muchos sucesos que merecerían ser contados a nuestro antiguo amigo.
Pasamos allí un buen rato
charlando con el, pero luego entro el tema de donde nos quedaríamos yo y mi
hermano. Le comentamos que seguramente dormiríamos en los restos del dojo
porque no teníamos donde quedarnos. Gintoki insistió en que no podíamos
quedarnos allí, haría frío al pasar el rato y entonces cogió nuestras bolsas y
echo a caminar. Pelee con Gintoki para que lo dejara en el suelo, para no
molestarle pero entonces se enojo conmigo y se puso delante mía y me llevo en
su hombro. No me quede quieta y empecé a patalear mientras caminaba y llamaba a
mi hermano.
-
Hay dios, no hay remedio contigo hermana –dijo mientras
se reía y miraba a Gintoki a la vez que el también se echaba a reír.
¿Idea mía o era yo la única que
estaba algo enfadada? Esa pregunta me hizo quedarme quieta y esperar a que
llegásemos a un lugar firme.
Buenísima historia nuriecita ♥
ResponderEliminarseguí así que me gustan! jeje!!
mucha suerte en el proyecto!
Besu (hks)